Desconectar para conectar

Desconectar para conectar

Queremos resaltar aportaciones tan interesantes como: 

“Cuando tocamos a un bebé, siente, recibe información sobre su esquema corporal y, a la vez siente y percibe a su entorno afectivo. Se percibe a sí mismo y a la vez siente y percibe al adulto que lo toca y envuelve, aportándole confianza y seguridad”

“El niño pega y patea, porque ni controla su cuerpo ni percibe al otro ser. Necesita primero percibirse a sí mismo para controlar sus pies y manos y ser entonces capaz de percibir a los otros y de relacionarse adecuadamente”

El contacto físico y el tacto afectivo puede dejar huellas en los genes

Queríamos iniciar este nuevo curso con la referencia a un estudio que nos ha parecido muy interesante y revelador.

La Universidad de Columbia Británica realizó un estudio en el cual se concluye que tener a los bebés en brazos – o no – puede dejar huellas en sus genes. De esta manera, la cantidad de contacto cercano y confortable por parte de las cuidadoras y cuidadores cambia el perfil molecular de los niños/as.

Este estudio publicado en noviembre de 2017 explica que la cantidad de contacto físico entre los bebés y sus cuidadore/as puede afectar a los niño/as a nivel molecular. El estudio de los patrones de metilación del ADN mostró que los niño/as que habían vivido más angustiados cuando eran bebés y habían recibido menos contacto físico, tenían un perfil molecular subdesarrollado para su edad. Es el primer estudio en humanos que muestra que el simple acto de tocar durante la edad temprana, tiene consecuencias profundamente arraigadas y potencialmente de por vida, sobre la expresión genética.

En esta entrada del blog simplemente queríamos hacer un pequeño resumen del estudio pero adjuntamos el link con la investigación.

https://www.sciencedaily.com/releases/2017/11/171127094928.htm