Experiencias de las formadoras…

Por Sonia Luchena, formadora de ATAEI.
Hace unos meses que hablé con María sobre la posibilidad de contaros cómo había sido mi primera formación a maestras. Justo era final de curso y necesitaba darme el tiempo de vacaciones para descansar de un año intenso en trabajo y en energías puestas en él. Ahora, de vuelta a casa, quiero compartir lo que fue un trabajo que anhelaba poner en marcha desde hacía ya tiempo. Aquí va…
 
El curso fue dirigido a maestras de todas las casas de niños de 0 a 3 años, de Leganés.
Fueron únicamente 12 horas, lo que supuso una adaptación de todos los contenidos fijados en el temario.
El ​hecho de reestructurar estos contenidos, unido a mi condición de ser curiosa, me llevó a descubrir a un hombre: Jaap van der Wal y a su trabajo entorno al desarrollo intrauterino. Me apasionó leerle, acceder a ese cambio paradigmático que sostiene que ‘el ser humano es un proceso en el tiempo’ que ‘no nos volvemos humanos, sino que siempre lo somos….’, desde que somos cigoto y hasta que morimos. 
Jaap van der Wal marcó nuestro punto de partida de seis encuentros que fueron un viaje de vuelta al origen de cada una de ellas, un trayecto de conexión con nuestra naturaleza humana y por tanto sensorial.
 
A través de la vivencia en sus cuerpos entendieron sus gestos diarios condicionados por la prisa, los objetivos marcados, las exigencias curriculares…… y un tipo de sacrificio que muchas educadoras asumen como gesto maternal absoluto y que ni siquiera está recogido como letra pequeña en ningún fundamento educativo.
Todas ellas conectaron con la importancia de manifestar los estados del cuerpo, físicos y anímicos; la importancia de compartir con el equipo docente las necesidades, pedir ayuda y dedicar 5 minutos a cuidarse mutuamente con propuestas de nutrición afectiva también para ellas. Estas propuestas corporales ayudaron a enriquecer, aún más, lo relacional y el cuidado entre ellas.
 
En sus evaluaciones, la mayoría valoraban y hacían especial hincapié en el echo de haberse podido conectar con Estar y Sentir. Parar y Pensar. Dedicar estos espacios dentro del aula para no correr, simplemente para Ser y Estar en el momento, ofreciendo escucha, contención y presencia a los niños.
 
 
La parte de juegos y canciones infantiles la reforcé mucho por toda mi trayectoria como narradora oral y formadora, para personas que quieren transitar los caminos de la transmisión oral. Hablé sobre la importancia del canto, lo necesario de las retahílas que nos señalan cada una de la parte de nuestro cuerpo, hablamos también sobre cuál es el momento de empezar a escuchar las primeras historias, por qué contamos y qué contar según la edad de nuestros niños…. Fue muy hermoso y muy emotivo compartir la tradición vivida en cada una, una tradición marcada por el lugar geográfico donde se sucedieron nuestras infancias.
 
Con respecto al tiempo dedicado, todas coincidían en su deseo de ampliar las horas del curso para continuar profundizando y compartiendo. Valoraron mucho la teoría y la alternancia con la práctica para llevar al cuerpo los fundamentos teóricos.
 
A mi me regalaron su entrega, sus ganas de acompañar con amor a cada uno de sus niños que forman ratios incomprensibles para esas edades tan pequeñas. Me hablaron y me agradecieron también mi entusiasmo por mi trabajo, la paz con la que estuve en el espacio, mi cercanía y mi cualidad comunicativa.
 
Fue un gran regalo para mí, un regalo por tener la posibilidad de dar, de entregar a esas mujeres algo en lo que creo profundamente: el derecho a reinvidicar el tacto afectivo, la necesidad de ser tocados para reconocernos constantemente, la importancia de introducirlo en las aulas para nutrir a generaciones de un tiempo con prisas, eficaz, productivo…. la urgencia de cambiar parámetros educativos, simplemente, en pro de estar y no hacer, sentir y escuchar, dejar y observar.
 
Quiero agradecer a la Asociación haberme facilitado esta experiencia, a Concha, a Pau, a María….. gracias a todas por vuestra implicación y por todo vuestro trabajo dedicado a impulsar esta plataforma de defensa del tacto nutridor, un tipo de tacto que nos acerca, siempre, a quienes somos verdaderamente. Gracias.

Los abrazos activan la química cerebral del bienestar, la calma y la alegría

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Los niños “tocan base” cuando están corriendo alegremente y, de repente, se sientan en el regazo de mamá o de papá, se apoyan en ellos o buscan algún tipo de contacto.

Esta actitud puede durar segundos, o apenas unos minutos. Enseguida vuelven a sus juegos. Esto se llama “reabaste emocional” y sirve para crear un precioso equilibrio químico en sus cerebros. Si tu hija o hijo se comporta así contigo, te hace un gran cumplido: te considera una fuente natural de opioides cerebrales.

Tanto nuestro cuerpo como nuestro cerebro secretan hormonas, poderosas sustancias químicas que nos pueden hacer sentir muy bien o muy mal. Normalmente, pensamos en las hormonas solo en relación con nuestra sexualidad, pero existen muchos tipos que nos afectan de muchas maneras en nuestros sentimientos, percepciones y comportamientos.

Un paraíso hormonal

La neurocientífica Candace Pert afirma: “Cada uno de nosotros tiene su propia farmacia de lujo al precio más económico, que produce todos los medicamentos que podemos necesitar para el buen funcionamiento del cuerpo y la mente”. Las hormonas y sustancias que nuestros cuerpos y cerebros producen nos permiten prosperar. El problema es que, por culpa del estrés en la infancia, mucha gente nunca encuentra los medicamentos más sofisticados de la “farmacia de la mente”.

Cuando en el cerebro predominan los opioides y la oxitocina, el mundo es un lugar cálido y acogedor. 
Cuando se activan conjuntamente estas sustancias neuroquímicas nos pueden generar la más profunda sensación de calma y satifacción, y la capacidad de hacer frente a todas las tensiones de la vida.

Si proporcionas a tu hijo muchas experiencias tempranas de sosiego afectuoso, conocerá el repetido predominio de los opioides y la oxitocina en su cerebro. Se sentirá seguro, tranquilo y amado. Será más capaz de:

• saborear las cosas

• disfrutar del momento

• seguir adelante sin aferrarse a las situaciones

Si experimenta esos estados neuroquímicos regularmente, saludará al mundo con interés y regocijo, y no con miedo y recelo. Es más, al mismo tiempo reunirá fuerzas para hacer frente eficazmente a los momentos dolorosos y estresantes de la vida, que ningún ser humano puede evitar.

Un infierno hormonal

Si un niño experimenta a menudo miedo y rabia en la infancia, sentimientos que pueden derivar de un estilo de crianza estricto que conlleva gritos, ordenes, críticas y expresiones faciales iracundas, la secreción de opioides y oxitocina puede quedar bloqueada en su cerebro. Sin el alivio de la calma, el consuelo y el cálido afecto físico, su cuerpo y su cerebro se acostumbrarán a unos niveles altos de cortisol, adrenalina y noradrenalina, sustancias químicas que producen las glándulas adrenales en los momentos de estrés. Como resultado, el niño se puede sentir amenazado e inseguro en todo momento. Cuando el cuerpo y el cerebro contienen elevados niveles de la hormona cortisol durante largas épocas, el mundo se convierte en un lugar hostil. El alto nivel de cortisol nos hace sentir abrumados, temerosos y desdichados, tiñe nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones con una sensación de amenaza o terror inminente, como si todos nuestros actos fueran demasiado graves. También la adrenalina y la noradrenalina pueden incidir fuertemente en nuestro estado de ánimo. Obligan al corazón a latir con más fuerza, al hígado, a secretar glucosa, a los tejidos adiposos, a liberar sustancias grasas y a los músculos, a movilizar las reservas energéticas.

Cuando se encuentran en sus niveles óptimos, estas hormonas nos mantienen alerta y con la mente despejada; sin embargo, como el cortisol, cuando se activan en exceso nos producen ansiedad, enfado o ambas cosas. No podemos desprendernos de una sensación de amenaza. Las investigaciones demuestran que las experiencias infantil más tempranas determinan en gran medida si se verán regularmente afectados por elevados niveles de sustancias estresantes cuando sean mayores. En este caso, la persona vivirá un infierno en la tierra, un estado persistente de hiperexcitación. Se sentirá amenazada gran parte del tiempo. Por desgracia, esa sensación de inseguridad se puede convertir en su forma de entenderse a sí misma y a los demás. Como resultado, vivirá en un estado crónico de desconfianza y adoptará una de estas dos posturas fundamentales: huirá de la vida o librará una guerra contra ella.

El contacto físico libera oxitocina, la hormona del amor, la calma y la sanación

No podemos inyectar oxitocina a los niños y adultos, porque la sustancia no viaja al cerebro. Tampoco la podemos administrar por vía oral. ¡Solo el cálido contacto humano puede activar en el cerebro la liberación de estas sustancias! Si queremos que los niños sean capaces de sentirse tranquilos y seguros en el mundo, debemos asegurarnos de que el contacto físico reconfortante y el consuelo físico cuando hay estrés formen parte integral de su vida. Cualquier tipo de contacto físico cálido entre padres e hijos tiene efectos positivos
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Los abrazos y los mimos, los pequeños apretones afectuosos, los masajes infantiles y dormir en los brazos de mamá tienen un efecto maravilloso en los pequeños. Todos estos momentos compartidos con una madre o un padre afectuoso activan los opioides y la oxitocina en el cerebro infantil. Cuando el niño reposa junto a una madre tranquila, habrá una cascada de oxitocina y opioides en su cerebro. Esto será delicioso y satisfactorio para ambos. Para que esto ocurra, es importante que la madre esté relajada. Hay que controlar los estados de ánimo, porque estar junto a la niña o el niño estando ansiosa o tensa provocará en ella o él la secreción de sustancias químicas estresantes.

No olvides mimar a los mayores de cinco años tanto como a los bebés. Los asombrosos efectos del contacto físico en el cerebro son también poderosos en los niños mayores. Es más, si sigues la costumbre de mimarles hasta la adolescencia (mientras te lo permita, desde luego), habrá muchas menos tensiones entre vosotros cuando sea adolescente. Es así porque la oxitocina activada por los mimos conservará el lazo opioide y la relación de confianza durante mucho más tiempo.

Dra. Margot Sunderland
Psicologa infantil
Centre for Child Mental Health, London
Extraído de: La ciencia de ser padres