Los abrazos activan la química cerebral del bienestar, la calma y la alegría

abrazohttp://formacionterramater.es/los-abrazos-activan-su-quimica-cerebral-del-bienestar-la-calma-y-la-alegria-incluso-a-largo-plazo/

Los niños “tocan base” cuando están corriendo alegremente y, de repente, se sientan en el regazo de mamá o de papá, se apoyan en ellos o buscan algún tipo de contacto.

Esta actitud puede durar segundos, o apenas unos minutos. Enseguida vuelven a sus juegos. Esto se llama “reabaste emocional” y sirve para crear un precioso equilibrio químico en sus cerebros. Si tu hija o hijo se comporta así contigo, te hace un gran cumplido: te considera una fuente natural de opioides cerebrales.

Tanto nuestro cuerpo como nuestro cerebro secretan hormonas, poderosas sustancias químicas que nos pueden hacer sentir muy bien o muy mal. Normalmente, pensamos en las hormonas solo en relación con nuestra sexualidad, pero existen muchos tipos que nos afectan de muchas maneras en nuestros sentimientos, percepciones y comportamientos.

Un paraíso hormonal

La neurocientífica Candace Pert afirma: “Cada uno de nosotros tiene su propia farmacia de lujo al precio más económico, que produce todos los medicamentos que podemos necesitar para el buen funcionamiento del cuerpo y la mente”. Las hormonas y sustancias que nuestros cuerpos y cerebros producen nos permiten prosperar. El problema es que, por culpa del estrés en la infancia, mucha gente nunca encuentra los medicamentos más sofisticados de la “farmacia de la mente”.

Cuando en el cerebro predominan los opioides y la oxitocina, el mundo es un lugar cálido y acogedor. 
Cuando se activan conjuntamente estas sustancias neuroquímicas nos pueden generar la más profunda sensación de calma y satifacción, y la capacidad de hacer frente a todas las tensiones de la vida.

Si proporcionas a tu hijo muchas experiencias tempranas de sosiego afectuoso, conocerá el repetido predominio de los opioides y la oxitocina en su cerebro. Se sentirá seguro, tranquilo y amado. Será más capaz de:

• saborear las cosas

• disfrutar del momento

• seguir adelante sin aferrarse a las situaciones

Si experimenta esos estados neuroquímicos regularmente, saludará al mundo con interés y regocijo, y no con miedo y recelo. Es más, al mismo tiempo reunirá fuerzas para hacer frente eficazmente a los momentos dolorosos y estresantes de la vida, que ningún ser humano puede evitar.

Un infierno hormonal

Si un niño experimenta a menudo miedo y rabia en la infancia, sentimientos que pueden derivar de un estilo de crianza estricto que conlleva gritos, ordenes, críticas y expresiones faciales iracundas, la secreción de opioides y oxitocina puede quedar bloqueada en su cerebro. Sin el alivio de la calma, el consuelo y el cálido afecto físico, su cuerpo y su cerebro se acostumbrarán a unos niveles altos de cortisol, adrenalina y noradrenalina, sustancias químicas que producen las glándulas adrenales en los momentos de estrés. Como resultado, el niño se puede sentir amenazado e inseguro en todo momento. Cuando el cuerpo y el cerebro contienen elevados niveles de la hormona cortisol durante largas épocas, el mundo se convierte en un lugar hostil. El alto nivel de cortisol nos hace sentir abrumados, temerosos y desdichados, tiñe nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones con una sensación de amenaza o terror inminente, como si todos nuestros actos fueran demasiado graves. También la adrenalina y la noradrenalina pueden incidir fuertemente en nuestro estado de ánimo. Obligan al corazón a latir con más fuerza, al hígado, a secretar glucosa, a los tejidos adiposos, a liberar sustancias grasas y a los músculos, a movilizar las reservas energéticas.

Cuando se encuentran en sus niveles óptimos, estas hormonas nos mantienen alerta y con la mente despejada; sin embargo, como el cortisol, cuando se activan en exceso nos producen ansiedad, enfado o ambas cosas. No podemos desprendernos de una sensación de amenaza. Las investigaciones demuestran que las experiencias infantil más tempranas determinan en gran medida si se verán regularmente afectados por elevados niveles de sustancias estresantes cuando sean mayores. En este caso, la persona vivirá un infierno en la tierra, un estado persistente de hiperexcitación. Se sentirá amenazada gran parte del tiempo. Por desgracia, esa sensación de inseguridad se puede convertir en su forma de entenderse a sí misma y a los demás. Como resultado, vivirá en un estado crónico de desconfianza y adoptará una de estas dos posturas fundamentales: huirá de la vida o librará una guerra contra ella.

El contacto físico libera oxitocina, la hormona del amor, la calma y la sanación

No podemos inyectar oxitocina a los niños y adultos, porque la sustancia no viaja al cerebro. Tampoco la podemos administrar por vía oral. ¡Solo el cálido contacto humano puede activar en el cerebro la liberación de estas sustancias! Si queremos que los niños sean capaces de sentirse tranquilos y seguros en el mundo, debemos asegurarnos de que el contacto físico reconfortante y el consuelo físico cuando hay estrés formen parte integral de su vida. Cualquier tipo de contacto físico cálido entre padres e hijos tiene efectos positivos
.

Los abrazos y los mimos, los pequeños apretones afectuosos, los masajes infantiles y dormir en los brazos de mamá tienen un efecto maravilloso en los pequeños. Todos estos momentos compartidos con una madre o un padre afectuoso activan los opioides y la oxitocina en el cerebro infantil. Cuando el niño reposa junto a una madre tranquila, habrá una cascada de oxitocina y opioides en su cerebro. Esto será delicioso y satisfactorio para ambos. Para que esto ocurra, es importante que la madre esté relajada. Hay que controlar los estados de ánimo, porque estar junto a la niña o el niño estando ansiosa o tensa provocará en ella o él la secreción de sustancias químicas estresantes.

No olvides mimar a los mayores de cinco años tanto como a los bebés. Los asombrosos efectos del contacto físico en el cerebro son también poderosos en los niños mayores. Es más, si sigues la costumbre de mimarles hasta la adolescencia (mientras te lo permita, desde luego), habrá muchas menos tensiones entre vosotros cuando sea adolescente. Es así porque la oxitocina activada por los mimos conservará el lazo opioide y la relación de confianza durante mucho más tiempo.

Dra. Margot Sunderland
Psicologa infantil
Centre for Child Mental Health, London
Extraído de: La ciencia de ser padres

Integrando lo racional y lo intuitivo

http://www.vozymovimiento.com/integrar-los-hemisferios-integrar-nuestra-parte-racional-y-creativa/fotos-de-palmas-2

A través del movimiento integramos nuestros hemisferios, y con ello nuestras capacidades racionales con las intuitivas y creativas, las capacidades analíticas con las sintéticas. En este artículo mostramos el camino desde las leyes del movimiento, que ayudan a madurar nuestro cerebro y con ello facultades cognitivas y emocionales.

Cuando el niño nace, sus dos hemisferios cerebrales, situados en el córtex, están divididos por el cuerpo calloso. Y en todo el cuerpo se extiende una línea divisoria imaginaria, llamada Línea media vertical. Esta es de gran utilidad en los primeros años de vida, ya que esta separación y por ende tendencia ambidiestra, garantiza la estimulación y consiguiente maduración de cada hemisferio. Porque cada vez que movemos la manos derecha, estimulamos conexiones en el hemisferio cerebral izquierdo. Y cada vez que movemos la mano izquierda, estimulamos el hemisferio derecho. Teniendo en cuenta que el hemisferio izquierdo es la sede de nuestras capacidades racionales, analíticas, lingüísticas y matemáticas y que el hemisferio derecho lo es de nuestras capacidades creativas, intuitivas,  sintéticas y musicales, estimular e integrar ambos hemisferios se convierte en una labor que tendrá un impacto en todos los aspectos de la futura vida.

Hoy día sufrimos una híper estimulación de las facultades racionales y analíticas, tanto por el tipo de actividades que se realizan con los niños como por el simple hecho de que la falta de movimiento está haciendo “discapacitados” del lado izquierdo del cuerpo y por tanto “discapacitados” de los aspectos creativos e intuitivos del hemisferio derecho.

La naturaleza ideó esta línea media vertical, especie de muro que impide la prematura dominancia hacia una mano y que incita a movimientos simétricos o ambidiestros.  A su vez, la cultura popular desde siempre estuvo repleta de juegos donde se estimula de manera pareja ambas partes del cuerpo. Saltar a la comba, juegos de palmas, bailecillos populares, columpiarse, tirarse del tobogán, el subi-baja, todos son juegos que activan de manera pareja el cuerpo. También encontramos juegos de palmas y bailes donde las manos se alternan, primero una y luego otra, produciendo movimientos homolaterales de ambos lados. ¡Y qué diferente es mover solo el índice de la mano derecha para mover un ratón o una pantalla táctil! Por “estimulante” que resulte el juego virtual, no lo es nada, comparado a la verdadera estimulación y maduración cerebral que significa cualquier juego libre en el espacio o cualquier juego tradicional infantil.

Se llama lateralidad a la capacidad de ambos hemisferios de trabajar simultáneamente, cada uno en sus tareas específicas. Esta capacidad va surgiendo en torno a los cinco años y la observamos porque el niño es capaz de cruzar la línea media y también de realizar movimientos simultáneos y diferentes con cada mano (como cuando tocamos el piano). Sin embargo hoy día, con el déficit motriz, muchos niños no lo consiguen hasta los nueve años, o si no reciben adecuado estímulo, es posible que persista esta inmadurez neural.

En el movimiento observamos cómo está organizado el cerebro: Movimientos ambidiestros, dificultad para cruzar la línea media y una dominancia no definida (preferencia por un lado del cuerpo), nos muestran que los hemisferios aún están separados, que no existen suficientes conexiones neurológicas que ayuden a integrar los hemisferios, que la línea media está presente y la lateralidad no está madura. Esto es completamente normal en niños menores de seis años, sin embargo representa un verdadero problema a la hora de realizar tareas académicas como leer y escribir. De ahí que no deberíamos empezar con dichas actividades antes de tener estos aspectos neurológicos maduros o al menos comprender la gran dificultad que muchos niños presentan y ayudarlos a través de juegos de movimiento.

 ¿Qué ayuda a disolver la línea media y conectar los hemisferios?

Por un lado tenemos los movimientos correspondientes al primer año de vida. Reptar y gatear con movimientos cruzados de manos y pies, facilitan la integración, tanto de la derecha e izquierda como del arriba y abajo en el cuerpo y en el cerebro. Más adelante podemos estimular estas áreas a través de múltiples juegos de animales y también a través del movimiento alterno de brazos al cruzar el pasa manos o al trepar.

Otros movimientos fundamentales son los simétricos, es decir, movimientos donde ambas partes del cuerpo se mueven simultáneamente de manera idéntica. Tenemos que crear un puente entre ambos hemisferios, un puente que cruce el cuerpo calloso. Para construir un puente necesitamos hacer primero buenos pilares, uno a cada orilla. Imaginemos que cada vez que el niño realiza movimientos simétricos, está trabajando en los pilares. Después de años de trabajo en estos movimientos, los movimientos cruzados aparecen en un instante, el instante en el que ambos lados del puente se unieron.

 Los movimientos simétricos, además de ser los más sencillos y disfrutados por los niños, son los que más ayudan a integrar sus hemisferios. Lo fácil, lo natural, lo que surge desde el juego espontáneo es a su vez lo más sano. Estos movimientos permiten ser imitados, y recordemos, que antes de los seis años, no deberíamos enseñar nada, simplemente los niños deberían aprender a través de la imitación. Los movimientos cruzados surgen desde dentro cuando el cerebro está preparado para ello. Si enseñamos un movimiento cruzado, estamos enseñando una habilidad específica y no una habilidad madre, que ayude a organizar el cerebro para otras muchas actividades.

 Si al movimiento añadimos palabra, más que mejor. El centro cognitivo del lenguaje está en el hemisferio izquierdo. Desde esta sede surge la capacidad de comprensión y expresión lógica. Sin embargo, es desde el hemisferio derecho que percibimos la musicalidad del lenguaje, su contenido emotivo que muchas veces cambia el contenido conceptual. En realidad, ambos hemisferios están activos al hablar, sobre todo en el hablar rítmico y melódico que supone las rimas infantiles. A su vez, Rudolf Steiner describe como las consonantes en la infancia ayudan a modelar y estructurar los centros del lenguaje y del pensar del hemisferio izquierdo y como las vocales, con su emotividad y musicalidad, actúan principalmente en el hemisferio derecho. La sílaba, compuesta por consonantes y vocales, representa en sí misma una integración hemisférica.

Hoy día hay cantidad de niños mayores de seis años que presentan una dominancia mixta o no definida. Es decir, escriben con la mano derecha, pero atienden el teléfono con el oído izquierdo, miran el catalejo con el ojo izquierdo y chutan la pelota, según de qué lado venga. Esta falta de claridad y preferencia de un lado del cuerpo, produce un caos en la organización mental y por supuesto en las nociones de derecha-izquierda y arriba-abajo, tan importantes para la escritura. Tener el cuerpo bien organizado es un requisito indiscutible para el buen aprendizaje. Sin embargo, y recordando que las funciones corporales y hemisféricas están vinculadas a capacidades tan básicas como la racionalidad y la creatividad, vemos que su alcance llega a todas las áreas de la vida. Ser capaces de mover simultáneamente ambas manos, haciendo por ejemplo con una un 8 y con otra una I, denota nuestra capacidad de trabajar simultáneamente con ambos hemisferios. Denota y la vez estimula, la capacidad de ver los detalles de una situación, sin perder de vista el conjunto; la capacidad de en un diálogo interpretar correctamente los mensajes conceptuales y los emotivos; la capacidad de ser racionales y a la vez creativos e intuitivos…areas-cerebrales