Experiencias y reflexiones de nuestras formadoras…

Por Sonia Luchena, formadora de ATAEI.

Termino mi segundo curso formativo, como ponente en Tacto Afectivo, con maestras y educadoras de diferentes espacios educativos de 0-6 en la Comunidad de Madrid. Este curso lo hemos realizado en el CRIF Las Acacias de Madrid y agradezco a todo el equipo el cuidado, la buena acogida y el mimo por hacerme sentir como en casa.

El primer día de encuentro me gusta conocer a mis compañeras de curso, hablo en femenino porque fuimos 25 mujeres buscando propuestas para profundizar y bucear bajo la piel. Me incluyo en el colectivo de alumnas porque, aunque yo sea la ponente, la mujer-fuente de la que mis compañeras beberán nuevos contenidos y propuestas, yo también aprendo siempre de ellas. A partir de compartir el trabajo, siempre hay inspiraciones y descubrimientos visualizados en las prácticas ajenas y en los cuerpos que siempre hablan en el momento en el que se ponen a trabajar.

Como decía, el primer día me gusta conocer de dónde vienen mis compañeras, cómo son sus espacios de trabajo, sus horarios, los niños a los que dedican todas sus energías y suspiros.

Una vez más compruebo con tristeza la dureza de esta realidad educativa que vivimos, la falta de reconocimiento de esta etapa como un momento que necesita nido, ambiente familiar, personal cualificado motivado y no sobrepasado por unas ratios imposibles.

Las miraba mientras me confesaban las cantidades de niños con las que trabajan y mi mirada comenzó a tornarse en admiración. Las veía auténticas amazonas, mujeres valientes y guerreras ante un sistema que no atiende verdaderamente el latido de las nociones de tiempo y espacio en estas edades, un sistema que no parte del concepto de juego como la leche materna que les alimentó y les hizo crecer sin necesitar nada más que eso, juego y solo juego, porque el resto de contenidos llegarán como llegan los dientes o como llega el caminar o el hablar, llegarán casi como por arte de magia, motivados por un entorno amoroso y cálido, porque cuando la base es sólida y se ha construido bajo los pilares del amor, de la confianza, del reconocimiento y del respeto hacia uno mismo, todo fluye de manera natural. Porque somos seres humanos, somos seres de la vida, no de un sistema, ni de un currículo que mira de soslayo una etapa vital que nos determinará por los tiempos venideros.

Y las veía tarde tras tarde allí, después de sus jornadas laborales, después de entregarse a 29 niños todos los días, allí estaban, con su motivación encendida, con su curiosidad dispuesta para llevar nuevo alimento a su campo de batalla, con sus ojos encendidos para seguir perfilando espacios y continuar en esa entrega infinita que caracteriza a una verdadera maestra-educadora.

Siento un profundo agradecimiento por verlas en pie, por saber que están en búsqueda, por tener esa actitud de entrega y vulnerar las leyes de la física con 2 brazos, 2 manos y 29 niños de 3 años, algunos sin ni siquiera haber entrado en su primer trienio de vida.

Mi agradecimiento y admiración desde aquí.

Gracias por estar receptivas a la piel, por motivaros a acceder al mundo interno de cada niño desde el respeto y la escucha, por querer nutrir desde la afectividad, por no juzgarles, por conocer sus fases evolutivas y tenerlas en cuenta a la hora de proponerles acciones.

Gracias por tener presentes sus tiempos y reconocer que son muy distintos a los nuestros, por la paciencia, por el amor incondicional. Por creer en la importancia de estas edades como una siembra para que una sociedad sea mejor, más empática y más consciente.

Gracias por mostraros receptivas y abiertas a retomar las sensaciones táctiles que nos hablan de nuestra propia naturaleza humana y que nos conectan con la necesidad de ser tocados y acariciados con amor para sentirnos felices y plenos.

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Experiencias de las formadoras…

Por Sonia Luchena, formadora de ATAEI.
Hace unos meses que hablé con María sobre la posibilidad de contaros cómo había sido mi primera formación a maestras. Justo era final de curso y necesitaba darme el tiempo de vacaciones para descansar de un año intenso en trabajo y en energías puestas en él. Ahora, de vuelta a casa, quiero compartir lo que fue un trabajo que anhelaba poner en marcha desde hacía ya tiempo. Aquí va…
 
El curso fue dirigido a maestras de todas las casas de niños de 0 a 3 años, de Leganés.
Fueron únicamente 12 horas, lo que supuso una adaptación de todos los contenidos fijados en el temario.
El ​hecho de reestructurar estos contenidos, unido a mi condición de ser curiosa, me llevó a descubrir a un hombre: Jaap van der Wal y a su trabajo entorno al desarrollo intrauterino. Me apasionó leerle, acceder a ese cambio paradigmático que sostiene que ‘el ser humano es un proceso en el tiempo’ que ‘no nos volvemos humanos, sino que siempre lo somos….’, desde que somos cigoto y hasta que morimos. 
Jaap van der Wal marcó nuestro punto de partida de seis encuentros que fueron un viaje de vuelta al origen de cada una de ellas, un trayecto de conexión con nuestra naturaleza humana y por tanto sensorial.
 
A través de la vivencia en sus cuerpos entendieron sus gestos diarios condicionados por la prisa, los objetivos marcados, las exigencias curriculares…… y un tipo de sacrificio que muchas educadoras asumen como gesto maternal absoluto y que ni siquiera está recogido como letra pequeña en ningún fundamento educativo.
Todas ellas conectaron con la importancia de manifestar los estados del cuerpo, físicos y anímicos; la importancia de compartir con el equipo docente las necesidades, pedir ayuda y dedicar 5 minutos a cuidarse mutuamente con propuestas de nutrición afectiva también para ellas. Estas propuestas corporales ayudaron a enriquecer, aún más, lo relacional y el cuidado entre ellas.
 
En sus evaluaciones, la mayoría valoraban y hacían especial hincapié en el echo de haberse podido conectar con Estar y Sentir. Parar y Pensar. Dedicar estos espacios dentro del aula para no correr, simplemente para Ser y Estar en el momento, ofreciendo escucha, contención y presencia a los niños.
 
 
La parte de juegos y canciones infantiles la reforcé mucho por toda mi trayectoria como narradora oral y formadora, para personas que quieren transitar los caminos de la transmisión oral. Hablé sobre la importancia del canto, lo necesario de las retahílas que nos señalan cada una de la parte de nuestro cuerpo, hablamos también sobre cuál es el momento de empezar a escuchar las primeras historias, por qué contamos y qué contar según la edad de nuestros niños…. Fue muy hermoso y muy emotivo compartir la tradición vivida en cada una, una tradición marcada por el lugar geográfico donde se sucedieron nuestras infancias.
 
Con respecto al tiempo dedicado, todas coincidían en su deseo de ampliar las horas del curso para continuar profundizando y compartiendo. Valoraron mucho la teoría y la alternancia con la práctica para llevar al cuerpo los fundamentos teóricos.
 
A mi me regalaron su entrega, sus ganas de acompañar con amor a cada uno de sus niños que forman ratios incomprensibles para esas edades tan pequeñas. Me hablaron y me agradecieron también mi entusiasmo por mi trabajo, la paz con la que estuve en el espacio, mi cercanía y mi cualidad comunicativa.
 
Fue un gran regalo para mí, un regalo por tener la posibilidad de dar, de entregar a esas mujeres algo en lo que creo profundamente: el derecho a reinvidicar el tacto afectivo, la necesidad de ser tocados para reconocernos constantemente, la importancia de introducirlo en las aulas para nutrir a generaciones de un tiempo con prisas, eficaz, productivo…. la urgencia de cambiar parámetros educativos, simplemente, en pro de estar y no hacer, sentir y escuchar, dejar y observar.
 
Quiero agradecer a la Asociación haberme facilitado esta experiencia, a Concha, a Pau, a María….. gracias a todas por vuestra implicación y por todo vuestro trabajo dedicado a impulsar esta plataforma de defensa del tacto nutridor, un tipo de tacto que nos acerca, siempre, a quienes somos verdaderamente. Gracias.